Durante años, las redes sociales, las aplicaciones de mensajería y las plataformas de streaming fueron consideradas herramientas de comunicación, entretenimiento e intercambio de información. La evolución de estos servicios incorporó billeteras digitales, sistemas de pago, monetización de contenidos y activos virtuales; con ello también se abrieron nuevos espacios para captar y movilizar recursos destinados al financiamiento del terrorismo.
Ese es el punto de partida del informe Detección e interrupción de la actividad de financiación del terrorismo a través de las redes sociales, las aplicaciones de mensajería instantánea y las plataformas de streaming1, publicado por el Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI), en el que el organismo documenta la forma en que organizaciones terroristas aprovechan estas plataformas para recaudar fondos, compartir instrucciones de pago y ocultar operaciones mediante herramientas desarrolladas originalmente para facilitar la interacción entre millones de usuarios.
El documento fue difundido el 26 de junio, en la recta final de la presidencia de Elisa de Anda Madrazo al frente del GAFI. Al presentar el informe, la entonces presidenta resumió el desafío con una advertencia que refleja la dimensión del problema: «La financiación del terrorismo se ha digitalizado y, con ello, la capacidad de llegar a miles de millones de personas y amplificar el impacto de los ataques nunca ha sido mayor. Ninguna jurisdicción ni autoridad puede abordar esta amenaza por sí sola, por lo que debemos colaborar estrechamente para evitar que los delincuentes utilicen indebidamente estas plataformas para causar daño en todo el mundo».
El informe reúne tipologías que muestran cómo la incorporación de funciones financieras dentro de plataformas digitales modificó los mecanismos utilizados para captar recursos. La propaganda continúa formando parte de la estrategia de las organizaciones terroristas; ahora convive con modalidades de financiamiento que aprovechan herramientas desarrolladas para la economía digital.
Entre las tipologías descritas por el GAFI destacan:
- Campañas de financiamiento presentadas como ayuda humanitaria o actividades benéficas.
- Uso de redes sociales para atraer donantes y aplicaciones de mensajería para compartir instrucciones de pago.
- Monederos digitales, activos virtuales y códigos QR para recibir recursos.
- Programas de monetización, propinas y transmisiones en vivo para captar fondos.
- Utilización de lenguaje codificado, contenido efímero y comunicaciones cifradas.
- Uso de entidades comerciales para ocultar operaciones relacionadas con el financiamiento del terrorismo.
El documento explica que estas operaciones rara vez permanecen dentro de una sola plataforma. Una campaña puede comenzar con una publicación abierta en una red social, trasladarse después a un servicio de mensajería donde se distribuyen instrucciones específicas y concluir mediante una transferencia realizada con activos virtuales o servicios de pago integrados; esa combinación incrementa la complejidad para las autoridades encargadas de reconstruir el origen y el destino de los recursos.
El informe también analiza la denominada economía de creadores. Herramientas como las propinas, las suscripciones, las membresías y las transmisiones en vivo representan nuevas alternativas para captar recursos; el GAFI advierte que esas funcionalidades pueden ser aprovechadas para ocultar campañas de financiamiento bajo narrativas religiosas, comunitarias o humanitarias capaces de generar empatía entre miles de usuarios.
Contenido impulsado por inteligencia artificial, servicios financieros integrados, activos virtuales, finanzas descentralizadas y comunicaciones cifradas forman parte de un entorno que exige comprender riesgos distintos a los observados hace apenas algunos años.
El propio organismo señala que menos de 30% de las jurisdicciones incorpora estos riesgos dentro de sus evaluaciones nacionales sobre financiamiento del terrorismo, un dato que evidencia el amplio margen que todavía existe para fortalecer la comprensión de este fenómeno.
El caso mexicano
La preocupación documentada por el GAFI también comenzó a reflejarse en México. Una investigación publicada por OCCRP2 reveló que, meses antes del inicio de la Copa Mundial de la FIFA 2026, la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) distribuyó una guía dirigida a las instituciones financieras para fortalecer la detección de operaciones relacionadas con el financiamiento del terrorismo.
El documento incorporó tipologías, indicadores de riesgo y recomendaciones orientadas a reforzar los mecanismos de monitoreo frente a un evento de alta exposición internacional. Aunque respondió a necesidades operativas del sistema financiero mexicano, coincide con una preocupación que el GAFI desarrolla desde una perspectiva internacional: la digitalización amplió los canales que pueden ser utilizados para captar, mover y ocultar recursos destinados al financiamiento del terrorismo.
La respuesta planteada por el GAFI refleja esa misma evolución. El organismo propone fortalecer el diálogo entre autoridades y empresas tecnológicas, facilitar el intercambio de información, desarrollar indicadores específicos para detectar operaciones relacionadas con el financiamiento del terrorismo y ampliar el conocimiento sobre las funciones de monetización incorporadas por las plataformas digitales.
El informe también incorpora una precisión relevante desde el punto de vista regulatorio. Las redes sociales, las aplicaciones de mensajería y las plataformas de streaming no forman parte, por ahora, de los sectores sujetos a las Recomendaciones del GAFI; sin embargo, advierte que determinadas actividades pueden quedar comprendidas dentro del ámbito de esos estándares cuando una plataforma incorpora funciones equivalentes a servicios financieros ya regulados.
La publicación del documento coincidió con el cierre de la presidencia de Elisa de Anda Madrazo, quien encabezó el GAFI entre julio del 2024 y junio del 2026. A partir del 1 de julio del 2026, el británico Giles Thomson asumió la presidencia del organismo para el periodo que concluirá en junio del 2028.
El informe no incorpora nuevas obligaciones para las plataformas digitales ni modifica las Recomendaciones del GAFI. Su principal aportación consiste en documentar un fenómeno que comienza a consolidarse dentro de la agenda internacional de prevención y confirma que el financiamiento del terrorismo evolucionó al mismo ritmo que la economía digital.
Esa transformación obliga a revisar permanentemente las metodologías con las que hoy se identifican y evalúan los riesgos, porque los mecanismos utilizados para movilizar recursos ya no se limitan a los canales que tradicionalmente concentraron la atención de los sistemas de prevención.
- (S/f). Fatf-gafi.org. Recuperado el 14 de julio de 2026, de https://www.fatf-gafi.org/en/publications/Methodsandtrends/detecting-and-disrupting-tf-through-smsps.html ↩︎
- Ahead of World Cup, Mexico quietly orders banks to tighten terror-finance controls. (s/f). OCCRP. Recuperado el 14 de julio de 2026, de https://www.occrp.org/en/news/ahead-of-world-cup-mexico-quietly-orders-banks-to-tighten-terror-finance-controls ↩︎







